Desde muy pequeña sentía una gran curiosidad por comprender en qué consistían los alimentos, cómo se comportaban al mezclar unos con otros, sus texturas, etc., y traía locos a mis padres porque me encantaba hacer mis “experimentos” en la cocina. Cuando empecé a estudiar química en el colegio, me apasionó ese mundo, y me encantaban los juegos de química como Cheminova. No sabía que la ciencia era una opción de carrera profesional, y, de hecho, cuando empecé mi carrera de Ingeniería Química en la universidad, ni siquiera lo contemplaba como una posibilidad. Fue durante este periodo, con la asignatura de química de alimentos, cuando también descubrí que la química y los alimentos están muy relacionados…al fin y al cabo, los alimentos están formados por biomoléculas.

Durante mi tesis doctoral me dediqué a explorar materiales más respetuosos con el medio ambiente para desarrollar envases alimentarios, pero mi curiosidad me llevó a explorar más adelante, en mi etapa postdoctoral, áreas muy diversas, y, en ocasiones, con poca participación femenina, como la física y la biotecnología. Actualmente, he integrado todos mis conocimientos para llevar a cabo proyectos de investigación muy innovadores, como entender el proceso de digestión de alimentos utilizando técnicas de neutrones y rayos-X. Mi objetivo es que podamos diseñar alimentos más nutritivos y producidos de manera más sostenible.

Para mí la ciencia es apasionante, ya que siempre hay cosas nuevas que aprender y descubrir, y a pesar de ser una carrera complicada, poder contribuir con un granito de arena hacia un futuro mejor para nuestro planeta es tremendamente gratificante.