
Cuando era niña era muy curiosa y siempre quería entender el porqué de las cosas y el mundo que me rodeaba. Nunca imaginé que esa curiosidad y esa pasión acabaría convirtiéndose en mi profesión y que podría dedicarme a esta profesión tan bonita y apasionante que es la investigación científica.
La ciencia me ha enseñado que hacerse preguntas, equivocarse y volver a intentarlo forman parte del camino. También que no existe un único modelo de científica ni una única manera de llegar hasta aquí. Y que lo más importante es el deseo de entender las cosas y buscar soluciones a los retos actuales.
Actualmente, mi grupo de investigación se centra en investigar cómo utilizar la química y las transformaciones fotocatalíticas para afrontar algunos de los grandes retos de nuestra sociedad, como el cambio climático. Las plantas utilizan la luz solar para transformar CO2 y agua en moléculas que almacenan energía, como la glucosa. Convirtiendo una energía limpia y abundante en moléculas que podemos almacenar y transportar. En mi grupo de investigación trabajamos para trasladar esta idea al laboratorio, desarrollando nanoreactores artificiales que imitan las membranas celulares. Estos sistemas nos permiten organizar y controlar las reacciones químicas para convertir la luz, el CO2 y el agua en combustibles y materiales sostenibles de forma eficiente. Desarrollando tecnologías que permitan tener energía limpia en cualquier lugar y en cualquier momento.
Espero que cada vez más niñas puedan crecer sabiendo que la ciencia también es un lugar para ellas, donde la superación y la vocación pueden más que el miedo, y donde su curiosidad puede convertirse en nuevas ideas y, quizás, en soluciones que todavía no hemos imaginado. ¡No tengáis miedo a hacer preguntas grandes, porque el futuro empieza justo ahí!
