
De pequeña tenía claro que mi mundo estaba en la naturaleza: el campo, explorar, descubrir y hacerme preguntas. Aunque en el colegio no tuve referentes en la paleontología, a lo largo de mi vida he tenido la suerte de cruzarme con personas que me han inspirado y de estar atenta para aprender de ellas. En el instituto, una profesora, Cristina, me descubrió la geología y me enseñó cuántas preguntas podemos responder simplemente observando nuestro planeta. No lo dudé y estudié Geología. Lo volvería a hacer si volviese a empezar.
En la universidad descubrí que los fósiles y los yacimientos podían ayudarnos a reconstruir historias del pasado y que existían herramientas para buscar respuestas a todas aquellas preguntas. Ya no había vuelta atrás. Allí encontré a Juan Luis, que me abrió las puertas de la paleontología humana y de Atapuerca, y me dio la oportunidad de adentrarme en cuevas y buscar en ellas los rastros de nuestros antepasados. Desde entonces no he dejado de excavar, explorar, analizar y, sobre todo, no he dejado de hacerme más preguntas.
