Mentiría si dijese que tuve clara mi vocación porque desde niña me han interesado muchas disciplinas. Sin embargo, siempre supuse que me dedicaría a dar clase. Como tantas mujeres de su generación, mi madre fue la primera de su familia en ir a la universidad y estudió Pedagogía. Por la rama materna, hubo muchos maestros, así que puede decirse que he tenido la gran suerte de que el estudio haya sido algo valorado entre los míos.

Mis padres me llevaron a museos, al cine, y, junto a mis hermanos, recorrimos todas las localidades de interés histórico-artístico que se hallan a 250 km de Madrid. Sin embargo, el que estudiara la carrera de Historia del Arte se lo debo a mi profesora de instituto, Carmen Belart. Qué importantes son los docentes de secundaria que, en su difícil desempeño diario, orientan nuestros pasos. Su entusiasmo por la asignatura es el que trato de transmitir hoy a mis estudiantes en clase.

Ser investigadora ha sido cumplir un sueño que nunca llegué a imaginar y que me ha permitido dedicarme a mis tres aficiones favoritas: leer, viajar y ver películas. El camino ha sido duro porque la carrera académica exige gran dedicación, pero no lo cambiaría por nada. Si te impone, pero quieres dedicarte a la academia, piensa que no es una única gran decisión, sino muchos pequeños pasos y que estás lista para dar el primero.

https://www.devisiones.com/presentacion