
Cuando era niña, me encantaba perderme en la naturaleza, descubriendo pequeños mundos ocultos bajo cada piedra y en cada hoja. La emoción de encontrar una especie rara o peculiar era como descubrir un tesoro. Esa curiosidad sin límites me llevó a estudiar la genómica de la biodiversidad. Hoy, cada día en mi trabajo es una aventura. Aprendo cosas increíbles sobre especies fascinantes que muchas veces pasan desapercibidas. Es súper divertido y emocionante saber que, a través de la ciencia, puedo entender y proteger la riqueza de la vida en nuestro planeta.
